Durante la noche del domingo 3 y hasta la madrugada del lunes 4 de enero, varios grupos de trabajadores eventuales contratados por personas anónimas (al parecer del PRI), estuvieron distribuyendo, casa por casa y bajo las puertas, en Colima y Tecomán, unos volantes impresos a todo color y en muy buen papel, que resultaron ser unos panfletos en los que se afirmaba que Jorge Luis Preciado, el candidato panista a gobernador, tiene “un imperio de moteles” en nuestro estado, en el que con su complicidad opera una red de “trata de blancas”. Ilustrando el presunto delito con fotografías de guapas mujeres (algunas semidesnudas y otras exhibiendo algunos de sus encantos), entre las que no pocos paisanos comenzaron a descubrir que había varias damas (casadas y no) conocidas o amigas suyas, señaladas en dicho libelo como muchachas de mala nota.

Tan desgraciado y peor dirigido pasquín comenzó a difundirse como los ecos de un rayo, y no tardó en manifestarse también el coraje y la indignación de las personas agraviadas, pasando a segundo y tercer término la malhadada intención que habían tenido sus perpetradores, revirtiéndoseles. Pues en vez de denostar al candidato panista, acabaron exhibiéndose como colaboradores tarugos del candidato del partido tricolor, a quien, a su modo perverso, querían por lo visto ayudar. Y éste, en consecuencia, se deslindó de semejante “apoyo”, porque no es su estilo de actuar. Pero el mal, como quiera, ya estaba hecho.

Tres días después, un grupo de cobardes delincuentes cibernéticos que se autonombra Anonymuos Colima, comenzó a difundir por YouTube, un video en el que aparece un enmascarado sacado del cine, presentando la presunta grabación, también, de una llamada personal que en equis fecha (no dice cuándo) el mismo candidato panista le habría hecho a la joven mujer que hoy es su pareja. Acción sumamente vil porque, en caso de que las voces sean realmente las suyas, evidencian el dato de que intervinieron sus líneas telefónicas con el propósito grabar sus conversaciones, invadiendo con ello el ámbito de lo más íntimo que una persona puede tener, y aspirar a que se le respete.

Complementariamente, y tal vez no teniendo mejor cosa para informar, al menos uno de los periódicos impresos locales retomó el mencionado libelo y lo publicó, dando eco a la campaña difamatoria, sin atender, tampoco, a la falta de ética profesional en que incurrieron quienes osaron invadir la privacidad de la pareja.

Al comentar todo esto no vayan a creer los lectores que pretendo salir en defensa de Jorge Luis Preciado Rodríguez e Isis Amaya Baltazar (que así se llama la muchacha involucrada), porque supongo que son perfectamente capaces de defenderse solos, sino exhibir, nada más, la vileza de quienes, escondiendo sus rostros y ocultando sus nombres y apellidos cometen acciones tan ruines con tal de enaltecer (sesgadamente) a un candidato y denostar a otro para que pierda popularidad y se derrumbe.¿POR QUÉ TAN CALLADOS?

Si tomamos en cuenta que a partir de los comicios de 1997 el PRI estatal puso de moda en Colima la publicación casi semanal de diferentes encuestas electorales, y que eso mismo pasó durante buena parte de 2014 y la primera mitad de 2015, resulta extremadamente raro y significativo que durante estas elecciones extraordinarias sólo hayan publicado una, en diciembre.

¿Por qué? Pecando de suspicaces, y atando diversos cabos sueltos de aquí, allá y más allá, hemos podido saber que como la única encuesta publicada al iniciar el proceso le daba al candidato del PRI menos de tres puntos de diferencia sobre el candidato de Acción Nacional, los principales asesores de JIPS se dieron de cabeza contra la pared, puesto que los directivos de Consulta Mitofsky (empresa que realizó la encuesta), dejaron muy claro que esos dos puntos y pico no podrían ser considerados como una ventaja, sino como lo que ellos y otros encuestadores llaman “empate técnico”. En la medida de que dicho puntaje estaba, también lo dijeron, dentro del “margen de error” que consultas como ésas tienen.

Así, pues, si JIPS y JLP empezaron las campañas extraordinarias con un “empate técnico”, ésas fueron muy malas noticias para los tenebrosos operadores del partido tricolor, porque recordaban muy bien que cuando comenzaron las elecciones ordinarias, el candidato panista inició casi 24 puntos abajo que el candidato priísta.

El silencio, pues, de los encuestadores, tiene callados también a los encuestólogos. ¿Qué podrá estar significando esa notoria ausencia de lo que ya se había convertido en moda electoral?

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