Rogelio Guedea

PARACAÍDAS por Rogelio Guedea.

 

 

Sería ingenuo pensar, lamentablemente, que tenemos en nuestro país una democracia consolidada y que la mayoría de los ciudadanos votan no sólo razonadamente sino, lo que es aún mejor, libremente. Sabemos, por el contrario, que en mayor o menor medida (la medida la marca el dinero), todos los partidos buscan cooptar (léase comprar) los mayores votos posibles para verse favorecidos en las elecciones. Esto no es nada nuevo y, desde hace ya décadas, los partidos en el poder (sobre todo el PRI) se ha visto en la necesidad de implementar esta medida al no poder retener el poder de otra forma, pues su descrédito llegó a tal grado que hacerlo por la vía democrática habría resultado ciertamente adverso para él. Como fue el propio PRI el que impuso estas reglas del juego electoral, el resto de los partidos se han visto en la necesidad  de jugar con esas mismas reglas, de otra forma están condenados a siempre perder, de esta manera nos encontramos un día con que todos los partidos echan mano de este mecanismo para conseguir retener o llegar al poder, resultando de mayor efectividad en aquellos partidos que más dinero (negro, en la mayoría de las ocasiones) tienen durante y el día de las elecciones. Como se dice vulgarmente, el que tiene más dinero más probabilidades tiene de ganar. Por eso es que en las pasadas dos elecciones no logró cristalizar su triunfo un candidato como López Obrador, quien además de que no tenía una estructura del tamaño de la estructura priista, tampoco tenía dinero, el dinero que hoy parece que le llueve más, aun cuando su estructura no sea todavía la esperada. Sin embargo, a partir del fracaso de los gobiernos panistas de Fox y de Felipe Calderón, y del reiterado fracaso del gobierno priista de Peña Nieto (quien estuvo envuelto en actos de alta corrupción), el reiterado mensaje de López Obrador logró calar hondo en amplios sectores de la sociedad mexicana, sobre todo en aquellos que más han padecido los estragos de las mencionadas administraciones. Con el mensaje maniqueo de ustedes (el PRIAN) son los corruptos y nosotros (Morena) somos los honesto, López Obrador fue consolidándose como, precisamente, “la esperanza de México”, aunque con ello hubiera tenido que convertirse también en la nueva mafia del poder (y volvamos de nuevo a las reglas del juego ya mencionadas, que no han cambiado).

Gracias a haber capitalizado muy bien este hartazgo ciudadano, López Obrador es hoy por hoy el candidato puntero y, se dice (habrá que verlo todavía), el casi seguro próximo presidente de México, además del líder de un partido que pintará de moreno congresos locales y federales y un número significativo de alcaldías.

Desafortunadamente, como ya dije, las reglas del juego democrático no han cambiado y las encuestas podrán irse de bruces si la maquinaria de compra del voto de los partidos más grandes (PRI y PAN) es bien enaceitada y cumple su objetivo este 1 de julio, dándole al traste al voto libre y razonado que se esperaría en toda democracia que se jacte. No debería ser así, pero así es, y lo único que se pediría (que pediríamos los que estamos convencidos de que la voluntad general debe imperar por sobre los intereses personales o de grupo) es que en las votaciones del domingo se ejerza esta libertad de manera consciente y se rebele ante cualquier tipo de agresión en contra de esta libertad. Estamos a punto de ver este 1 de julio si es más fuerte el voto libre o su cooptación por dinero, pues de lo que no hay duda es de que el hartazgo ciudadano frente a los malos gobiernos (federal, estatales y municipales) es irrefutable.

 

Rogelio Guedea

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Rogelio Guedea

Poeta y académico

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