Jesús CP

No veo modo de cómo puedan tumbar el liderazgo de López Obrador en las preferencias electorales. No pienso votar por él, pero la realidad es esa. A 18 años de la histórica salida del PRI de los Pinos, México repetirá su motivación de voto: el hartazgo hacia el PRI.

Esta elección debió haber sido seis años atrás. Es normal que después del hartazgo hacia el PRI en el 2000, fuera el PAN la opción natural para buscar un nuevo camino. Muchas cosas mejoraron, muchas cosas hicieron falta. Doce años también es suficiente para alternar y refrescar el gobierno con una nueva opción, por eso, esta elección debió haber sido hace seis años.

Es inexplicable cómo México, por ignorancia o por síndrome de Estocolmo, en el 2012 quiso ser gobernado nuevamente por el PRI. Es increíble cómo el PRI, en lugar de aprovechar y demostrarle a México que bajo su mandato el país está mejor, se esforzó en ser más corrupto, más insensible, más impopular. Seis años para que ojalá no queden en el olvido de los mexicanos, sino que los tengamos presentes cada elección de aquí hasta que nuestra historia concluya.

Estos seis años el PAN siguió siendo el peor enemigo del propio PAN. No creó líderes (Anaya no lo es). No creó unidad ni solidaridad interna. Esto derivó en que el grupo vencido no supiera asimilar la derrota y mejor emigrara. Con un PRI en el peor momento de su historia, con un PRD reducido a mínimos, y con Morena de reciente creación, era para que el PAN sin problemas recuperara la presidencia. No será así.

No importa que AMLO ya no controle el gobierno del DF, el hartazgo de la sociedad le da más fortaleza que lo que le dió la capital. No importa que el impulso de Ebrard ya se haya terminado, la indignación del país le da más fuerza. No veo ataque o circunstancia que debilite a López Obrador de aquí a la elección. Todos los argumentos han sido utilizados en las dos elecciones anteriores.

Desde hace seis años, el PRI y el PAN sabían quién sería el candidato a vencer este año. No inventaron armas nuevas. Reciclaron la historia de convertirnos en Venezuela. No funcionó aunque Venezuela esté peor que hace 12 años. Reciclaron la falta de transparencia en las finanzas del Peje; su austeridad le ha servido más que una declaración tres de tres. O siete de siete. O la que quieran.

AMLO compite contra un candidato que tiene el desgaste de muchos años de gobierno y que lleva la marca PRI. Contra otro candidato que no inspira ni motiva como lo es Anaya, quien erróneamente promociona como fortaleza su juventud, como si no nos diéramos cuenta que los políticos jóvenes han resultado peores. No creo que sea un mal candidato, pero no tiene el tamaño para derrocar a un monstruo del nivel del “Peje”. Contra Margarita que dividió los votos del PAN. Contra Bronco que decepcionó su estado.

Son el hartazgo y la sed de cambio, el blindaje de López Obrador. Un blindaje, incluso, peligroso. Hoy se le perdona cualquier cosa: agresión, incongruencia, alianzas turbias, nepotismo. Lo que sea. Eso le da ventaja, tanta, que pareciera que no es un candidato, sino que es el sustituto.

Insisto: no veo cómo pueda, ninguno, darle la vuelta a AMLO en esta elección. Ni siquiera con los debates. No sirva esta situación para desanimar a quienes pensamos votar por alguien diferente a él. Es sano para México votar por quien creamos que es la mejor opción, a pesar de no tener oportunidad de victoria.

Que nos vaya mejor con AMLO que con Peña Nieto. Dios quiera.

Jesús CP.

"Hombre de costumbres."

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