Yo no sé rezar… Solía decir siempre  que sentía esa enorme necesidad de encontrar ayuda celestial. Cuando las cosas de la vida cotidiana no resultan fáciles y nada alentadoras, cuando sientes que  nada está funcionando y lo que que haces parece estar mal.
Yo no sé rezar, es una frase que he escuchado con frecuencia y en un sentido personal digo que, no es necesario saber rezar para ser escuchado por Dios. Es muy cierto que el poder de la oración es innegable y trasciende de manera  suprema e infinita subsanando nuestros pesares, pero también es cierto que muchos de nosotros solo aprendimos de memoria el  “PADRE NUESTRO”, por eso nuestra marcada limitación para rezar como se debe, dirían nuestras abuelas.
Debemos comprender que HABLAR con Dios es una manera de hacer oración. Más directo, más personal, abriendo de verdad tu corazón y dejar que hable por tí, habla con Dios igual como hablas con tu mejor amigo. No necesitas parafraseo ni palabras rebuscadas, ni poses incómodas, ni una hora precisa ni siquiera un lugar predeterminado. Él te escuchará porque a donde sea que tú estás Él está contigo y junto a tí, aunque muchas veces lo neguemos o nos mostremos indiferentes a su verdad y a su presencia, o  si nos encontramos en medio de un torbellino devastador de emociones encontradas que nos ciega por momentos la razón, tienes que saber que Él sigue ahí junto a tí y para tí.
Habla con Dios ahora, desde donde estés ahora mismo. Si conduces tu auto atrapado en un tráfico abrumador, si estás en tu trabajo con toneladas de asuntos por atender y resolver. Si caminas por  una calle con tanta prisa que ya no sabes a dónde ir, si te encuentras desesperado en una fila interminable tan inútil como importante para pagar las cuentas, o si estás en tu cocina preparando café intentando dulcificar los sinsabores de la rutina, o debajo de tus sábanas con ese insomnio que se ha apoderado de tu voluntad y de tus ganas de seguir… Es el momento de hablar por fin con Dios, siéntate, arrodíllate o quédate de pié, cerrar los ojos ayuda o no los cierres para que puedas ver, lo importante es iniciar una conversación desde lo más profundo de tu ser, consiente y feliz porque será ésta la mejor conversación que sin duda cambiará para siempre tu vida.
Dile lo que sientes. Dile lo que estás pasando ahora mismo, las cosas que te agobian y las que te hacen feliz, lo que esperas de la vida, lo que no querías que jamás pasara y que de todas maneras pasó, háblale de tus sueños, de tus proyectos nuevos y de los viejos que abandonaste por alguna razón,  de lo que tuviste que renunciar y lo otro tanto con lo que te tuviste que quedar. De las cosas que te duelen, de aquéllas que quieres y  no logras conseguir. De tus triunfos y de tus caídas, de la sensación dulce cuando tu corazón se agita con la brevedad de una ilusión y de la prontitud ingrata con que se apaga cuando te dicen que no… Háblale de todo porque igual Él ya conoce todo de tí, solo está esperando escucharlo de tu boca y que lo digas con tus palabras para que un universo entero de posibilidades ciertas y presentes llegue con dedicatoria especial para ti.  Igual como llega la ola del mar que te besa los pies y con ese beso se va, como llega una carta inesperada de amor , un regalo sorpresa, un dia nuevo lleno de esperanzas y sus brazos abiertos y llenos de amor que te consuelan y te levantan otra vez…
Yo  no sé rezar, no lo digas nunca más porque hablar con Dios es la forma más maravillosa de rezar,es  el camino corto y sin atajos para estar en su corazón y es la oración más hermosa que rezarás.

 

SENDY SÁMANO*

 

Poetisa Colimense autora de “El amor y sus contradicciones” www.sendysamano.org

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